sábado, 11 de febrero de 2012

Rertato de una calma aparente IV

Harto, cansado, agoviado de no encontrar la calma tomé valor y decidi enfrentar esos sueños, esas realidades. Al encontrarla en ese trance, como ya volvia a suceder rutinariamente, decidí afrontar esa incertidumbre. Moverme aunque mis músculos se petrifiquen, gritar aunque me quieran enmudecer, eso fue lo que pude hacer al fin, y así abandonar esa agonía constante, ese olvido distante, esa realidad que me azotaba diariamente. Y ella que se encontraba delante mio sin decir nada, seguía sin hacerlo. Pero esta vez la vi esbozar una sonrisa en su rostro, y no necesitaba nada mas que eso para darme cuenta que había cambiado mi realidad, pero de ninguna manera mi sueño.
La calma verdadera no se debe buscar, no se debe caer en la acción desesperada de querer encontrarla. La tranquilidad es una sensación que el tiempo, los sueños y las realidades hacen que progresivamente todo vuelva a tener un rumbo fijo, ya no aparente. Probablemente ese haya sido el fin del sueño, realmente no lo recuerdo, pero ya todo iba a estar mejor.

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